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Ana E.
Alenso
Anita Reyna Antolín Sanchez Arturo Quintero Carola Bravo Felicia Maniu Giuliano Bartolozzi Hayfer Brea Irene Pressner Isabel Cisneros Jose Vivenes Luis Brito Mairyseth Vargas Marcela Navea Maria Elisa Quiaro Marylee Coll Muu Blanco Raul Martinetto Schuster & Zajac Susana Reisman En
las obras sobre papel, y en las instalaciones de Mairyseth Vargas son
la línea y sus posibilidades sígnicas y dibujísticas,
los elementos que le permiten penetrar y revelar los más insospechados
ámbitos de lo usualmente no percibido: en las enormes estructuras
físicas que se imponen como dioses en las altas construcciones
urbanas; en los espacios o células diminutas de la naturaleza;
en lo hecho y no hecho por el hombre. Hacer perceptible lo invisible:
la música y los números; las formas de lo sólo insinuado;
invertir los sentidos de lo minúsculo y lo colosal, de las dimensiones;
de lo inmóvil y lo indetenible. Invertir los sentidos, asimismo,
de la lógica y la comodidad de la geometría que nos señala
trayectos, flechas, rutas y formas familiares; de allí sus inesperados
y misteriosos espacios tramados, absurdos, imposibles. Es explorar en
un terreno de líneas en el que todo es posible, pero difícil,
en tanto a que debe ser inteligible y claro. Tendida sobre el manto del
enredo y la maraña, está la coherencia de la tela.
Son obras en las que la línea, la forma y el contenido, el inicio, el recorrido y el fin, son tejidos con hermosa y seria textualidad. Un hilo conductor que a la vez es libre elemento y signo para el juego. Entonces, nos encontramos con otro, y mismo, mundo en la obra de Mairyseth Vargas, el de aquello considerado como “lo femenino”, representado por lo que no es escultura en el sentido pesado, inmóvil como el mármol o el bronce, con obras que se resisten a los límites volumétricos; obras generativas, perspectivas y laberintos geométricos; líneas que son tensiones; trasfondos y entramados. Fragmento del texto “Cuando pensamos lo mirado” .
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